ALQUIMIA, DEMONOLOGIA

Alquimia

ALQUIMIA La Alquimia o la Altaquimia y Química por excelencia, que se llama también filosofía hermética, es esta sublime parte de la química que se ocupa del arte de transformar los metales.
El secreto quimérico de hacer el oro ha estado en boga entre los chinos mucho tiempo antes que de ello se tuviesen las primeras nociones en Europa. Ellos hablan en su libros en términos mágicos de la simiente del oro y del polvo de proyección. Ellos prometen sacar de sus crisoles no solamente el oro, sí que también un remedio específico y universal que procura a los que le toman una especie de inmortalidad.
Zózimo, que vivió a principio del siglo v, es uno de los primeros entre nosotros que haya escrito sobre el modo de hacer oro y plata, o el modo de fabricar la piedra filosofal. Esta piedra es un polvo o un licor formado de diversos metales en fusión bajo una constelación favorable.

Sibon repara que los antiguos no conocían la Alquimia; sin embargo, se ve en Plinio que el emperador Calígula emprendió hacer oro con una preparación de arsénico, y que abandonó su proyecto porque los gastos subían a más que el provecho que podía sacar.
Algunos partidarios de esta ciencia suponen que los egipcios conocían todos sus misterios, pero, ¿cómo se habrían dejado perder tamaños secretos? Más probable es que la Alquimia es una invención de los árabes, quienes tuvieron en otro tiempo muchos brazos ocupados en sus hornillos, en los que siempre encontraban sólo ceniza.
Esta preciosa piedra filosofal, que se llama también elixir universal, agua del sol, polvo de proyección, que tanto se ha buscado y jamás encontrado, procuraría al que tuviese la dicha de poseerlo, riquezas incomprensibles, una salud siempre florida, una vida sin enfermedades y aún, según el parecer de más de un cabalista, la inmortalidad; nada encontraría que le pudiese resistir y sería como un dios sobre la tierra.
Para hacer esta grande obra es menester, según algunos, oro, plomo, hierro, antimonio, vitriolo, soliman, arsénico, tártaro, mercurio, agua, tierra y aire, a lo que se debe unir un huevo de gallo, saliva, orines y excremento humano. Un filósofo ha dicho también, y con razón, que la piedra filosofal era una ensalada y que para ella se necesitaba sal, aceite y vinagre.
Otros dan esta receta como el verdadero secreto de hacer la obra hermética: Poner una vasija de vidrio muy fuerte, en baño de arena, elixir de Aristéo con bálsamo de mercurio e igual peso del más puro oro de vida o precipitado de oro, y la calcinación que quedará al fondo de la vasija se multiplicará cien mil veces.
Si no se sabe cómo procurarse el elixir de Aristéo y el bálsamo de mercurio puede pedirse a los espíritus cabalísticos o, si se prefiere, al demonio barbudo del que hablaremos luego.
Como el poseedor de la piedra filosofal sería el más glorioso, el más poderoso, el más rico y el más dichoso de los mortales, que lo convertiría todo en oro a su voluntad y gozaría de todos los bienes de este mundo, no nos debemos admirar de que tanta gente haya pasado su vida en los hornillos para descubrirla. El emperador Rodolfo nada deseaba tanto como encontrarla. El rey de España Felipe II empleó sumas inmensas en hacer trabajar los alquimistas en la conversión de los metales, sin obtener nada. Todos cuantos han seguido sus pasos han tenido la misma suerte, de modo que se ignora aún cuál es el color y la forma de la piedra filosofal.
Los alquimistas suponen allá en sus sueños que muchos sabios la han poseído; que Dios la enseñó a Adán, quien comunicó el secreto a Enoch y de quien fue bajando por grados a Abraham, a Moisés, a Job, que multiplicó sus bienes siete veces por medio de la piedra filosofal; a santo Domingo, a Parecelso y finalmente al famoso Nicolás Flamel. Citan con respeto algunos libros de filosofía hermética que atribuyen a María, hermana de Moisés, a Hermes Trismejisto, a Demócrito, a Aristóteles, a santo Tomás, etc., etc. La caja de Pandora, el vellocino de oro de Jason, la roca de Sisifo, el muslo de oro de Pitágoras, sólo es, según ellos, la obra magna. Añaden aquellos delirantes que encuentran todos sus misterios en el Génesis y en el Apocalipsis principalmente (del que hacen un poema en alabanza de la alquimia), en la Odisea y en las Matamórfosis de Ovidio. Los dragones que velan, los toros que respiran fuego, son emblemas de los trabajos herméticos. Gabino de Montluisan, gentil hombre, ha dado también una extravagante explicación de las figuras extrañas que adornan la fachada de nuestra Señora de París, en las que veía una historia completa de la piedra filosofal. El Padre Eterno,extendiendo los brazos y sosteniendo un ángel en cada una de sus manos, anuncia bastante, según él dice, la perfección de la obra concluida.
Otros aseguran que no puede poseerse el gran secreto sino con el socorro de la magia; llaman demonio barbudo al que se encarga de enseñarla, y quien, según dicen, es un demonio muy viejo. Encuéntranse para apoyo de esta opinión, en muchos libros de conjuraciones mágicas, fórmulas para evocar los demonios herméticos. Cedreno, que creía esto, cuenta que un alquimista presentó al emperador Anastasio, como obra de su arte, un freno de oro y pedrerías para su caballo. El emperador aceptó el regalo e hizo meter al alquimista en una prisión donde murió; después de lo cual, el freno se volvió negro, con lo que se creyó que el oro de los alquimistas sólo es una farsa del diablo; pero muchas anécdotas prueban que no es más que una farsa de los hombres.
Un empírico que pasó por Sedan, dio a Enrique I, príncipe de Bullon, el secreto de hacer oro, que consistía en fundir en un crisol un gramo de polvo rojo que él le dio, con algunas onzas de litargirio. El príncipe hizo la operación en presencia del charlatán y sacó tres onzas de oro de tres granos de aquel polvo, lo que le puso más contento que admirado, y el adepto para acabar de seducirle le regaló todo su polvo transmutable.
Había de él trescientos mil granos, con los que creía él poseer cien mil onzas de oro. El filósofo llevaba prisa en su viaje, pues debía llegar a Venecia para asistir a la gran reunión de filósofos herméticos; nada le había quedado, pero sólo pedía veinte mil escudos; el duque de Bullon le dio cuarenta mil y le despidió con honor.
A su llegada a Sedan, el charlatán había hecho comprar todo el litargirio que tenían los boticarios, a quienes lo volvió a vender, cargado de algunas onzas de oro. Cuando aquel litargirio estuvo concluido, el príncipe no hizo más oro, no vio más al empírico, y quedó chasqueado en sus cuarenta mil escudos.
Jeremías Medero, citado por Delrío, cuenta un chasco casi del todo igual que otro adepto dio al marqués Ernesto de Bade. Todos los soberanos se ocupaban antiguamente de la piedra filosofal, la que buscó por mucho tiempo la famosa Isabel. Juan Gautier, barón de Plumerolles, se alababa de saber hacer oro. Carlos IX, engañado por sus promesas, le mandó dar ciento veinte mil libras y el adepto puso manos a la obra, pero después de haber trabajado ocho días, huyó con el dinero del monarca. Corrióse en su persecución y fue preso y ahorcado.
En 1616 el gobierno francés dio también a Guido de Grusemburgo veinte mil escudos para trabajar en la Bastilla a fin de hacer oro: huyóse pasadas tres semanas, con los veinte mil escudos, y no se le volvio a ver en Francia.
Enrique VI, rey de Inglaterra, se vio reducido a tal grado de necesidad que, según Evelino en su numismática, intentó llenar sus cofres con la ayuda de la alquimia. El encabezamiento de este singular proyecto contiene las protestas más solemnes y más serias, sobre la existencia y virtudes de la piedra filosofal, animando a los que se ocupasen de ella, anulando y condenando todas las anteriores prohibiciones. Créese que el libelo de este encabezamiento fue comunicado por Selden, archivero mayor, a su íntimo amigo Ben Johnson, cuando componía su comedia el Alquimista.
Así que se publicó esta real cédula, muchos hicieron tan hermosas promesas de lograr lo que el rey deseaba, que al año siguiente S. M. publicó otro edicto en el que declaró a sus súbditos que la hora tan deseada se acercaba ya, y que por medio de la piedra filosofal que pronto iba a poseer, pagaría las deudas del Estado en oro y plata acuñados…
Carlos II pensaba también en la alquimia, y las personas ocupadas en operar en la obra magna eran tan de nota como ridícula era la cédula, porque la formaban monjes, drogueros, tenderos y atuneros, y la cédula fue concedida; authoritate parlamenti.
Los alquimistas eran llamados antiguamente multiplicadores, como se ve por el estauto de Enrique IV de Inglaterra que no creía en la alquimia. Este estatuto se encuentra en la cédula siguiente de Carlos II.
“Nadie de hoy en adelante se atreverá a multiplicar el oro ni la plata, ni emplear la superchería de la multiplicación bajo la pena de ser tratado y castigado por felonía.”
Léese aún en las curiosidades de la literatura, que una princesa inglesa, muy amiga de la alquimia, encontró un hombre que suponía tener el poder de cambiar el plomo en oro, y este filósofo hermético, pedía únicamente los materiales y el tiempo necesario para ejecutar la conversión que había prometido. Fue llevado a la casa de campo de su protectora, donde se construyó para él un vasto laboratorio, y a fin de que no se le estorbase se prohibió a todos la entrada. Hizo él, de modo que su puerta diese vueltas: así que recibía la comida sin ver y sin ser visto, y sin que nada pudiese distraerle de sus sublimes contemplaciones.
Durante dos años que estuvo en el castillo no consintió en hablar con nadie, ni aún con la princesa, y cuando por primera vez se vio ésta introducida en su laboratorio, vio con grata admiración alambiques, calderas inmensas, largos cañutos, hornos, hornillos y tres o cuatro fuegos infernales, encendidos en diferentes lados de esta especie de volcán; no contempló con menos veneración la ahumada figura del alquimista, pálido, descarnado y debilitado por sus operaciones y vigilias, quien la reveló en una jerga ininteligible los resultados que obtuvo, y ella vio o creyó ver bocas de minas de oro esparramadas por su laboratorio.
Entretanto el alquimista pedía continuamente un nuevo alambique o inmensas cantidades de carbón, y la princesa, a pesar de su celo, que veía ya gastada gran parte de su fortuna para abastecer las demandas del filósofo, empezó a regularizar los vuelos de su imaginación con los consejos de la prudencia. Ya habían transcurrido dos años en que se habían gastado inmensas cantidades de plomo y aún no veía más que plomo: descubrió sus ideas al físico y éste le confesó sinceramente que él mismo estaba sorprendido de la lentitud de sus progresos, pero que iba a redoblar sus esfuerzos y a aventurar una laboriosa operación de la que había creído poderse pasar sin ella hasta entonces. Su protectora se retiró, y las doradas visiones de la esperanza recobraron todo su primer imperio.
Un día que ella estaba comiendo, un horrible grito seguido de una explosión parecida a la de un cañón del mayor calibre, se dejó oír y al momento se dirigió con sus criados al aposento del alquimista en el que encontraron dos largas retortas rotas, una gran parte del laboratorio incendiada y al físico quemado de los pies a la cabeza.
Elías Ashmole en su cotidiana del 13 mayo de 1655, escribe:
“Mi padre Backhousse (astrólogo que le había adoptado por hijo, conforme a la práctica de los adeptos), estando enfermo en Fleetstret, cerca de la iglesia de San Dustan, y encontrándose a las once de la noche a punto de expirar, me reveló el secreto de la piedra filosofal, única herencia que me dejó con su muerte.” Por esto sabemos que un desgraciado que conocía el arte de hacer el oro, vivía sin embargo de limosnas y que Asmhole creía firmemente ser poseedor de la tal receta.
Asmhole, sin embargo, ha elevado un monumento harto curioso de las sabias locuras de su siglo, en su teatro químico británico. Aunque éste sea más bien un historiador de la Alquimia que un adepto en esta frívola ciencia, el curioso pasará ratos divertidos recorriendo el tomo en 4.° en el que ha reunido los tratados de varios alquimistas ingleses. Esta colección presenta diversos lances de los misterios de la secta de los empíricos, y Asmhole cuenta algunas anécdotas mucho más maravillosas que las quiméricas invenciones de los árabes, dice de la piedra filosofal que de ella sabe bastante para callarse y que no sabe bastante para hablar.
La Química moderna no ha perdido sin embargo las esperanzas, por no decir la certeza, de ver un día verificados los dorados sueños de los alquimistas. El doctor Girtanner de Gottingue últimamente ha aventurado la profecía de que en el siglo xIx sería generalmente conocida la transmutación de los metales; que todos los alquimistas sabrán hacer oro; que los instrumentos de cocina serán de oro y de plata, lo que contribuirá mucho a alargar la vida, que en el día se encuentra comprometida por los óxidos del cobre, del plomo, del hierro que tragamos con nuestros alimentos.
Acabaremos con una anécdota que merece colocarse aquí. Había en Pisa un usurero muy rico llamado Grimaldi, que había reunido inmensas sumas a fuerza de tacañerías; vivía solo y muy mezquinamente, no teniendo criado, porque le habría tenido que pagar su salario; ni perro, porque le habría debido alimentar. Una noche en que había cenado en casa de un amigo y que se retiraba solo y muy tarde, a pesar de la lluvia que caía en abundancia, alguno que le esperaba cayó sobre él para asesinarle. Al sentirse Grimaldi herido de una puñalada, entró en la tienda de un platero que por casualidad estaba aún abierta. Este platero, lo mismo que Grimaldi, pretendía hacer fortuna, pero por otro camino que el de la usura, pues buscaba la piedra filosofal, y como aquella noche hacía una gran fundición, había dejado su tienda abierta para templar el calor de sus hornillos.
Tacio (así se llamaba el platero) habiendo reconocido a Grimaldi, le preguntó qué hacia a aquella hora en la calle: “¡ay de mí!, contestó Grimaldi, acabo de ser asesinado”, y al decir esto se sienta y muere. Esta desgracia ponía a Tacio en el más extraño embarazo. Pero pensando pronto que todos los vecinos estaban dormidos o encerrados por causa de la lluvia y que él estaba solo en su tienda, concibió un proyecto atrevido y que sin embargo le parecía fácil. Nadie habia visto entrar en su casa a Grimaldi, y declarando su muerte se podía sospechar de él; así es que cerró su puerta y pensó cambiar en bien esta desgracia, lo mismo que pensaba cambiar el plomo en oro.
Tacio sabía ya o sospechaba las riquezas de GriMaldi; empezó por registrarle y habiéndole encontrado en sus faltriqueras junto con algunos dineros un grueso manojo de llaves, resolvió probar las cerraduras del difunto. Grimaldi no tenía parientes, y el alquimista no encontraba a mal instituirse su heredero, por lo que, provisto de una linterna, emprendió su camino.
Hacía un tiempo horrible, pero no se arredró por ello. Llega en fin, prueba las llaves, entra en el aposento, busca la caja y después de muchos trabajos consigue abrir todas las cerraduras. Encuentra anillos de oro, brazaletes, diamantes y cuatro sacos en cada uno de los cuales leyó con alegría tres mil escudos en oro. Apodérase de ellos y regresa a su casa sin que nadie le hubiese visto.
De vuelta guarda al punto sus riquezas, después de lo cual pensó en enterrar al difunto; le toma en brazos, le lleva a su bodega y habiendo hecho un hoyo de cuatro pies de profundidad le entierra con sus llaves y vestidos; finalmente vuelve a cubrir la hoya con tanta precaución que no se reparaba que en aquel lugar se hubiese siquiera tocado la tierra.

Hecho esto, corre a su aposento, abre sus sacos, cuenta su oro y encuentra las sumas perfectamente conformes con los rótulos. En seguida colocólo todo en un armario secreto y fuese a acostar porque el trabajo y la alegría le habían cruelmente fatigado.
Algunos días después, no apareciendo Grimaldi, abriéronse sus puertas por orden de la justicia y quedaron todos sumamente admirados de no encontrar en su casa dinero. Hiciéronse vanas pesquisas por mucho tiempo y solamente cuando ya no se hablaba de él, fue cuando Tacio aventuró algunos dichos acerca de sus descubrimientos químicos. Se le burlaban a la cara, pero él sostenía con tesón los adelantos que iba haciendo, graduando con destreza sus discursos y alegría. Finalmente habló de un viaje a Francia para ir a vender los resultados obtenidos, y a fin de representar mejor su papel, fingió tenía necesidad de dinero para embarcarse. Pidió prestados cien florines sobre un cortijo. Creyósele del todo loco, pero no por eso dejó de marchar, mofándose en su interior de sus conciudadanos, que se burlaban de él a las claras.
En tanto llegó a Marsella, cambió su oro en letras de cambio contra buenos banqueros de Pisa y escribió a su mujer que había ya vendido sus efectos. Su carta infundió tal admiración en todos los ánimos, que duraba aún a su llegada a la ciudad. Tomó un aire triunfante al entrar en su casa, y para añadir pruebas sonantes a las verbales que daba de su fortuna, fue a buscar doce mil escudos de oro en casa de los banqueros. Era casi imposible negarse a tal demostración. Contábase por todas partes su historia, y exaltábase por doquier su ciencia, y pronto fue puesto al nivel de los sabios y obtuvo a la vez la doble consideración de rico y de hombre de genio.
Cuéntase igualmente que un adepto que se decía poseedor de la piedra filosofal pidió una recompensa a León X, y este Pontífice, protector de las artes, encontró justa su pretensión y le dijo volviese al otro día; acudió alegre el charlatán, pero León le mandó dar una gran bolsa vacía, diciéndole que ya que sabía hacer oro, sólo necesitaba una bolsa para meterlo; el conde de Ocseustiern atribuye esta contestación al papa Urbano VIII, a quien un adepto dedicó un tratado de alquimia.
En el día, aunque se hayan disipado un tanto nuestros primeros errores, la lista de los que para encontrar la piedra filosofal alambican aún raíces de coles, uñas de topos, acederas, hongos, el sudor del sol, salivazos de la luna, pelos de gato, ojos de sapo, flor de estaño, etc., en Francia y aun sólo en París, llenaría tomos enteros.
Ved ahí la definición que un autor moderno ha dado de la alquimia: “Es un arte rico en esperanzas, liberal en promesas, ingenioso para las penas y fatigas, cuyo principio es mentir, el medio trabajar y el fin mendigar”. Véase a Paracelso, Flamel, etc.
Tratado de Química filosófica y hermética, enriquecido con las operaciones más curiosas del arte, impreso en París el año 1725, en 12.°, con aprobación firmada por Audry, doctor en medicina y privilegiado del rey.
“Al principio, habiéndolo bien considerado los sabios, han reconocido que el oro engendra oro y la plata plata, y pueden multiplicarse en sus especies.
“Los antiguos filósofos, trabajando por la vía seca, han sacado una parte de su oro volátil y le han reducido a sublimado, blanco como la nieve y reluciente como el cristal, y han convertido la otra parte en una sal fija, y de la conjunción del volátil con el fijo han hecho su elixir.
“Los filósofos modernos han extraído del mercurio un espíritu ígneo, mineral, vegetal y multiplicativo, en cuya concavidad húmeda está oculto el mercurio primitivo o quinta esencia católica; esto es universal. Por medio de este espíritu se atrae el germen espiritual contenido en el oro, y por esta vía, que han llamado vía húmeda, su azufre y su mercurio han sido hechos; el mercurio de los filósofos no es sólido como el metal, ni muelle como el azogue, sino un intermedio.
“Han tenido este secreto oculto por mucho tiempo, porque es el principio, medio y fin de la obra; vamos a descubrirle para el bien de todos.
“Para hacer la obra es pues menester: 1. Purgar el mercurio con sal y vinagre. 2. Sublimarle con vitriolo y salitre. 3. Disolverle en el agua fuerte. 4. Sublimarle de nuevo. 5. Calcinarle y fijarle. 6. Disolver una parte por deliquio en la gruta, donde se resolverá en licor o aceite. 7. Destilar este licor para separar el agua espiritual, el aire y el fuego. 8. Meter este cuerpo mercurial calcinado y fijado en el agua espiritual o espíritu líquido mercurial destilado. 9. Putrificarlos reunidos hasta que se ennegrezcan; después en la superficie se elevará un espíritu, un azufre blanco inodoro que también se llama sal amoníaco. 10. Disolver esta sal amoníaco en el espíritu mercurial líquido, luego destilarle hasta que todo llegue a licor y entonces quedará hecho el vinagre de los sabios. 11. Esto hecho, será menester pasar del oro al antimonio por tres veces y después reducirle a cal. 12. Poner esta cal de oro en vinagre muy agrio, dejarla putrificar y en la superficie del vinagre se elevará una tierra en hojas del color de las perlas orientales; es necesario sublimarle de nuevo hasta que esta tierra sea muy pura, y entonces tendréis hecha la operación de la grande obra.
“Para el segundo trabajo, tomad una parte de esta cal de oro y dos de la agua espiritual cargada de su sal amoníaco; poned esta noble confección en un vaso de cristal de forma de huevo, y tapadle herméticamente; mantened un fuego suave y continuo; el agua ígnea disolverá poco a poco la cal de oro; se formará un licor que es el agua de los sabios, y su verdadero cahos, conteniendo las calidades elementares: cálido, seco, frío y húmedo. Dejad putrificar esta composición hasta que se vuelva negra; y esta negrura, que se llama la cabeza de cuervo y el saturno de los sabios, da a conocer al artista que ya está en buen camino.
“Pero para quitar esta negrura fétida, que se llama también tierra negra, débese hacer hervir de nuevo hasta que el vaso no presente más que una sustancia blanca como la nieve. Este grado de la obra se llama el Cisne. Es necesario en fin fijar con el fuego, este licor blanco que se calcina y se divide en dos partes, la una blanca por la plata, y la otra roja por el oro; entonces quedarán cumplidos los trabajos y poseeréis la piedra filosofal.
“En las varias operaciones se pueden sacar varios productos. Al principio el leon verde que es un líquido espeso que se llama también azoote y que hace salir el oro oculto en los materiales innobles; el león rojo que convierte los metales en oro es un polvo de un rojo vivo; la cabeza de cuervo, llamada también la vela negra del navío de Theseo, depósito negro que precede al leon verde y cuya aparición a los cuarenta días promete el buen resultado de la obra, sirve para la descomposición y putrefacción de los objetos de que se quiere sacar el oro; la pólvora blanca que transmuta los metales blancos en plata fina; el elixir rojo, con el cual se hace el oro y se curan todas las heridas; el elixir blanco, con el cual se hace la plata y se procura una vida sumamente larga. Llámasele también la hija blanca de los filósofos, y todas estas variedades de la piedra filosofal, vegetan y se multiplican?’
El resto del libro está por el mismo estilo, y contiene todos los secretos de la alquimia aldescubierto. Véase Bálsamo universal, Elixir de la vida, Oro potable, Aguila celeste, etc

ALQUIMIA, DEMONOLOGIA

FLAQUE, Luis Eugenio

FLAQUE Luis Eugenio, Hechicero, juzgado en 1825, de 56 arios de edad. Acusósele de socaliña y de magia por medio de signos cabalísticos; fue también acusado de complicidad en la causa que se siguió contra un tal Bory, tintorero, de 47 años de edad, natural de Amiens, y estuvo también envuelto en la causa de Francisco Russe, trabajador de Con-ti, de 43 años de edad.
En el mes de marzo de 1825 la real audiencia de Amiens confirmó una declaración por la cual se decía que los tres individuos susodichos, valiéndose de medios fraudulentos, habían persuadido a algunos particulares la existencia de un poder sobrenatural; y que para obtener este poder uno de éstos había entregado a Bory la cantidad de 192 francos, y entonces Bory presentó el consultante a un compañero suyo que estaba disfrazado de demonio, y se hallaba oculto en el bosque de Naours. El demonio prometió al incauto, que poseería ochocientos mil francos, pero lo cierto es que el tal hombre jamás se vio dueño de semejante suma. Bory, Flaque y Russe no conservaron por mucho tiempo los ciento noventa y dos francos, porque el tribunal les persiguió y Bory fue condenado a quince meses de reclusión, y Flaque y Russe a un año de encierro, debiendo además pagar la multa de cincuenta francos y las costas.
He aquí en sustancia lo que se desprende de las alteraciones. Bory ejercía el oficio de cirujano en la villa de Mervaux, y como no tenía mucho acierto en sus curaciones persuadía a sus enfermos que se hallaban hechizados y les aconsejaba que se presentasen a un sabio adivino; hacía que le pagasen sus visitas y se retiraba. Estas estratagemas sólo eran preludio de fechorías más graves. En el año 1720 el carretero Luis Pague, necesitando dinero, se dirigió a Amiens y le pidió prestado a un carpintero. Bory dijo que le procuraría el dinero con mayor rebaja mediante algunos adelantos; el carretero le fue a encontrar y Bory le declaró que el mejor medio era venderse al diablo, y le pidió 200 francos para reunir el consejo infernal; dióselos Luis Pa-que y Bory se arregló de modo que con aquella cantidad pudiese lograr de siete a ocho mil francos.
Finalmente conviniéronse en que dando cuatro luises más, Pague obtendría cien mil francos, pero por desgracia sólo pudo darle dos; partieron sin embargo con Bory, Flaque y un señor de Noyencourt hacia el bosque de San Gervasio donde Bory sacó de una de sus faltriqueras un pedazo de papel escrito que hizo sostener por los presentes; era media noche; Flaque hizo tres conjuros pero el diablo no apareció, por lo que Noyencourt y Bory dijeron que el diablo estaba sin duda ocupado aquel día y así se dieron nueva cita para el bosque de Naours; Pague llevó consigo a su hija porque Bory le había dicho ser necesario llevara su primogénito para asistir a la operación. Flaque y Bory llamaron al diablo en latín y el diablo apareció con un redingot rojo azulado, un sombrero galoneado y llevando un enorme sable. Su estatura era de cerca cinco pies y seis pulgadas, Ilamábase Roberto y el criado que le acompañaba Saday.
Bory dijo al diablo: “Aquí te presento un hombre que desea tener cuatrocientos mil francos por cuatro luises, ¿se los puedes dar?” El diablo respondió: “El los tendrá”. Pague le presentó el dinero y el diablo le hizo rodear el bosque en 45 minutos con Bory y Flaque antes de soltar los cuatrocientos mil francos; uno de los brujos perdió un zapato en la carrera; y así que Flaque percibió una mesa con velas encendidas encima, no se pudo contener y lanzó un grito: “Cállate, le dijo Flaque, todo lo has perdido”. Pague huyó a través del bosque y volvió ante el diablo, quien le dijo: “Malvado, has atravesado el bosque en vez de rodearle. Retírate sin volver la cabeza o te tuerzo el cuello”. Otra operación tuvo todavía lugar en el mismo bosque, y cuando el infeliz Pague pidió el dinero, el diablo le dijo: “Dirígete al arca”. Era una mata… Como no había nada en ella el demonio le prometió que la cantidad la encontraría al otro día en la bodega de Flaque; dirigióse allá Paque con su mujer y el buen hombre que había adelantado los ciento noventa y dos francos para el primer negocio, pero Bory, que estaba allí, les enseñó la puerta anunciándoles que se iba a quejar al procurador del rey. Paque comprendió que le habían engañado y se retiró dando por perdido su dinero. — Estamos sin embargo en el siglo XIX.

ALQUIMIA, DEMONOLOGIA

Flamel, Nicolas

FLAMEL (Nicolás) Célebre alquimista del siglo xlv de quien no se sabe el lugar ni la época de su nacimiento porque no es cierto que naciese en París o en Poutosie. Fue al principio alternativamente escritor público, librero jurado, poeta, pintor, matemático, arquitecto; y por fin de pobre que era llegó a ser sumamente rico por haber tenido la suerte de hallar la piedra filosofal. Una noche, dicen, estando durmiendo se le apareció un ángel con un libro harto original, cubierto de bronce bien trabajado, las hojas de unas plan-chitas muy delgadas grabadas con mucho arte y escritas con una punta de hierro. Una inscripción en gruesas letras doradas contenía una dedicatoria a los judíos por Abrahamm el judío, príncipe, sacerdote, astrólogo y filósofo.
“Flamel, le dijo el ángel, ¿ves este libro escrito con caracteres ininteligibles? Tú leerás un día en él lo que nadie podrá leer.”
A estas palabras Flamel alarga las manos para tomar aquel regalo precioso, pero el ángel y el libro desaparecieron y vio salir de sus huellos arroyos de oro.
Despertó Nicolás, pero el sueño tardó tanto en cumplirse, que su imaginación se había ya amortiguado, cuando un día en un libro que acababa de comprar sin siquiera mirarlo reconoció la inscripción del último libro que había visto en sueños con las mismas cubiertas, la misma dedicatoria y el mismo nombre del autor.
El libro tenía por objeto la trasmutación de los metales y sus hojas en número de 21, que forman el misterioso número de tres veces siete. Nicolás se puso a estudiar pero no pudiendo comprender las figuras, hizo un voto a Dios y a Santiago de Galicia pidiéndoles la interpretación de aquéllas, la que sin embargo no pudo obtener sino de un rabino. La peregrinación a Santiago se verificó en seguida y Flamel volvió de él iluminado. Ved ahí la oración que había hecho para obtener la revelación:
“Dios Omnipotente, Eterno, padre de la luz de quien proceden todos los bienes y todos los dones perfectos, yo imploro vuestra misericordia infinita; dejadme conocer la eterna sabiduría que rodea vuestro trono, que todo lo ha criado, que todo lo guía y conserva. Dignaos enviármela del cielo, vuestro santuario, del trono de vuestra gloria a fin de que ella sea quien trabaje en mí porque ella es la muestra de todas las artes celestiales y ocultas que posee la ciencia y la inteligencia de todas las cosas; haced que me acompañe en todas mis obras, que por medio de su espíritu posea yo la verdadera inteligencia. Que yo proceda infaliblemente en el noble arte al cual me he consagrado, en busca de la maravillosa piedra de los sabios que habéis ocultado al mundo, pero que acostumbráis descubrir a vuestros elegidos; que esta grande obra que voy a emprender aquí en la tierra la empiece, la continúe y la acabe y que goce de ella felizmente para siempre. Os lo pido por Jesucristo, piedra celeste, angular, milagrosa y fundamento de toda eternidad que reina con vos, etc.”
Esta oración surtió el efecto deseado, pues que por inspiración de la bendita Virgen, Flamel convirtió al principio el mercurio en plata y luego en oro.
No bien se vio en posesión de la piedra filosofal cuando quiso que monumentos públicos diesen testimonio de su piedad y riqueza. No se olvidó de hacer colocar por todas partes su retrato y su estátua esculpidos, acompañados de un escudo o de una mano con un escritorio en forma de armario. Igualmente hizo gravar en todas partes el retrato de su mujer  Pernelle, que le ayudó en sus trabajos de alquimista.
Flamel fue enterrado en la iglesia de SaintJacques la Boucherie; después de muerto muchos se imaginaron que aquellas pinturas y esculturas alegóricas eran otros tantos signos cabalísticos que encerraban un sentido del que se podría sacar provecho. Su casa, situada en la calle vieja de Maribaux, núm. 16, infundió sospechas de que podrían hallarse en ella muchos tesoros.
Un amigo del difunto se obligó con este intento a restaurarla gratis; lo registró todo y no encontró nada.
Otros han supuesto que Flamel no había muerto y que tenía todavía mil años de vida; aún podría vivir mucho más en virtud del bál. samo universal que él había descubierto. Sea de ello lo que fuere, el viajero Pablo Lucas afirma, en una de sus relaciones, haber halla• do a un Derviche o monje turco, el cual había visto a Nicolás Flamel embarcado para In. dias.
No se han contentado con representar a Ni colás Flamel como un adepto, sí que se le ha hecho autor. En el año 1561, 143 después de su muerte, Santiago Gohorry publicó en 18.°, bajo el título de Trasformación metálica, tres tratados en rima francesa: La fuente de los amantes de las ciencias; con los avisos de la naturaleza al alquimista errante, con la recon• testación para Juan de Meung, y el Sumario filosófico, atribuido a Nicolás Flamel. Dice también ser suyo El deseo deseado o tesoro de la filosofía, dicho de otro modo El libro de las seis palabras, que se encuentra cc n el Tratado del azufre, del cosmopolita, y la obra real de Carlos IV, en París, de los años 1618 y 1659, en 8.° Hácésele también autor de las Grandes luces de la piedra filosofal para la trasmuta• ción de todos los metales. El editor prometía La alegría perfecta de yo, Nicolás Flamet, y Pernelle mi mujer, la cual no ha salido a luz, y finalmente ha dado la música química opúsculo muy raro, y otros trabajos que no son buscados. En resumen, Flamel era un hombre laborioso que se hizo rico trabajando con los judíos, y como esto lo hacía ocultamente, atribuyéronsele sus riquezas a medios maravillosos.
El abate de Villars, en su Conde de Gabalis, dice ser Nicolás Flamel un cirujano que comerciaba con los espíritus elementales. Se han referido de él mil cuentos singulares, y en nuestros días un truhán, o por mejor decir un chancero, en el mes de mayo de 1818 esparció por los cafés de París un aviso en el que declaraba ser él el famoso Nicolás Flamel, que buscaba la piedra filosofal en un rincón de la calle Marivaux, que más de 400 años había viajado por todos los países del mundo y que había vivido por el espacio de más de cuatro siglos, por medio del elxir de vida que él había tenido la felicidad de descubrir. Cuatro siglos de pesquisas le habían hecho muy sabio, el más sabio de los alquimistas. Hacía oro a su voluntad y los curiosos podían presentarse en su casa de la calle de Clery, número 22, y tomar una inscripción que les costaría trescientos mil francos, por medio de la cual quedarían iniciados en los secretos del maestro y se harían sin mucho trabajo un millón ochocientos mil francos de renta. Algunas personas han advertido que las proposiciones del supuesto Flamel no han tenido buen resultado, atribuyéndolo al espíritu del siglo; pero más bien se debe atribuir el no haber logrado su efecto este charlatanismo, al excesivo precio de la iniciación. Porque en todas partes y en todos tiempos siempre que se presentan impostores pueden estar seguros de que encontráis tontos que los crean.
El que quiera adquirir más detalles puede consultar la historia crítica bastante estimada de Nicolás Flamel y de Pernelle su mujer, por el abate Villain, París 1761.

 

ALQUIMIA, DEMONOLOGIA

Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim. Conelio Agripa, Parte II

No se puede negar, dice Thebet, que Agripa fuese iniciado en la más fina y execrable magia y que esto lo veían y sabían todos. Era tan diestro, que con sus manos gotosas y corvas agarraba tesoros que muchos valientes capitanes no podían ganar con el ruido de sus armas, ni el furor de los combates. Compuso el libro de la filosofía oculta censurada por los cristianos, por el cual fue echado de Flandes, donde no pudo jamás volver a entrar. Así es que tomó el camino de Italia, que emponzoñó de tal suerte, que muchas gentes de bien le persiguieron aún ; y no le quedó otro recurso que retirarse a Dole. Finalmente, fuese a Lyon, ya sin poder alguno, donde empleó todos los medios para poder vivir meneando lo mejor que podía la punta de su bastón; pero ganaba tan poco que murió en una mezquina buhardilla aborrecido de todo el mundo y detestado como un mágico maldito, porque continuamente llevaba en su compañía un diablo, bajo la figura de un perro negro.
Pablo J’ove añade, que estando cercano a la muerte y exhortándole a que se arrepintiese, quitó a aquel perro que era su demonio familiar, un collar guarnecido de clavos que formaban inscripciones nigrománticas, y le dijo: Vete, desdichada bestia, tú eres quien me has perdido, y que entonces el perro emprendió al momento la fuga hacia el río Saona, en el que se tiró de cabeza y no volvió a aparecer.
Wierio, que fue discípulo de Agripa, dice que, en efecto, este grande hombre apreciaba mucho a los perros y que constantemente se veían dos en su estudio, de los cuales el uno se llamaba señor y el otro señorita, y se supone que estos dos perros eran diablos disfrazados. Si Credillon, que quería tiernamente a estos animales, hubiese vivido en el siglo xvi, sus perros se lo habrían hecho pasar muy mal; y San Roque tiene a dicha estar en el calendario, que de otra manera también se hubiera tenido el suyo por demonio. En los buenos tiempos pasados era generalmente tenida por prueba cierta de ser uno brujo e íntimamente aliado con el diablo, el vivir retirado o mostrar afición a un animal cualquiera.
Es además un consuelo para los tontos, el poder rebajar o envilecer a un hombre a cuya altura no pueden llegar. En los siglos de la ignorancia y anterior al restablecimiento de las letras, dice el sabio Naudé, aquellos que se complacían en cultivarlas se reputaban Gramáticos y Herejes: los que penetraban más que los otros en las causas de la naturaleza, pasaban por irreligiosos; los que entendían la lengua hebrea, se tomaban por judíos y los que buscaban las matemáticas y las ciencias menos comunes, se sospechaba fuesen encantadores o mágicos (1).
Verdad es también que Agripa sentía curiosidad por las cosas extrañas. Gustábanle las paradojas, y su libro sobre la vanidad de las ciencias, que es su obra maestra, lo comprueba; pero él declama en este libro contra la magia y las artes supersticiosas. Dícese que ejercía la medicina empírica; Luisa de Saboya, madre de Francisco I, le nombró su médico y quiso también que fuese su astrólogo, a lo que se negó. Sin embargo, supónese que predijo al Condestable de Borbón sucesos contra la Francia: posible es que esta cabeza encerrase alguna dosis de extravagancia. Su obra de la filosofía oculta, le hizo acusar de magia y pasó un año en las prisiones de Bruselas, de las que le sacó el arzobispo de Colonia, que había aceptado la dedicatoria de este libro, en el que vio bien que el autor no .era brujo. Ha compuesto también un comentario, In artem brevem Raimondi Lullii..
Pero lo que más que otra cosa alguna lo hizo pasar por mágico es que veintisiete años después de su muerte, se le atribuyó un cuaderno de ceremonias mágicas y supersticiosas que se dio por el libro cuarto de su Filosofía oculta, y que no es otra cosa que una colección de fragmentos recogidos de Pedro, de Apoda, de Pictorio, de Tritemo y otros empíricos.
Probaríase también si fuese menester cuán lejano estaba Agripa del charlatanismo de los brujos recordando que en todo el tiempo que permaneció en Metz ejerciendo las funciones de Síndico o abogado general, se levantó enérgicamente contra la requisitoria de Nicolás Sabin, inquisidor de la fe que quería hacer quemar como a bruja a una joven paisana a quien absolvió Agripa, debiéndole su salva- ción.
“Agripa, dice Delancre, compuso tres libros algo voluminosos, de la magia demoníaca, pero confesó que jamás había tenido comercio alguno con el demonio, y que la magia y la brujería (menos los maleficios) consistían únicamente en algunos prestigios de que se vale el espíritu maligno para engañar a los ignorantes.” Delancre cuenta también de diverso modo que los otros la muerte de Agripa: “Este miserable, dice, fue tan cegado del diablo, a quien se había sometido, que aunque conoció muy bien su perfidia y artificios, no los pudo evitar estando tan enmarañado en las redes del diablo, que le llegó a persuadir que si quería dejarse matar, la muerte no tendría poder alguno sobre de él, y que le resucitaría y haría inmortal; lo que le sucedió al revés, porque habiéndose mandado Agripa cortar la cabeza, seguro de esta falsa experiencia, el diablo se mofó de él, y no quiso (pues tampoco no podía) volverle a la vida para dejarle medios de deplorar sus crímenes.”
Sin embargo, la opinión de que Agripa no es muerto, se ha esparcido en ciertas provincias, y ved ahí una anécdota que dará a conocer algunas ideas populares a las que dio lugar este gran mágico:
“llame acontecido una aventura tan extraña que os la voy a contar. Sabréis que ayer, cansado de la atención con que había leído un libro de prodigios, salí a paseo para desvanecer las ridículas impresiones de que estaba lleno mi espíritu. Internéme en un bosquecillo obscuro, por el que avancé cerca de un cuarto de hora. Percibí entonces un mango de escoba que venía a colocarse entre mis piernas, y sobre el que me encontré a horcajadas, y al momento advertí que volaba por el vacío del aire. No sé qué camino hice en esta cabalgadura; pero sé que me hallé sobre mis pies en medio de un desierto, donde no encontré ningún camino. Sin embargo, resolví penetrar y reconocer el sitio, pero me fue imposible ir contra el aire y mis esfuerzos me probaron que no podía pasar adelante.
“Finalmente, fatigado a lo sumo, caí sobre mis rodillas y lo que me admiró fue el haber pasado en un momento de mediodía a medianoche. Veía lucir las estrellas del cielo con un fuego azulado; la luna estaba en el lleno, pero mucho más pálida que de costumbre; eclipsóse tres veces y otras tantas traspasó su círculo; el viento estaba en calma, las fuentes enmudecidas, todos los animales no tenían otro movimiento que el necesario para temblar; el horror de tan profundo silencio reinaba por todas partes y por doquier parecía esperar la naturaleza una gran aventura.
“Mezclaba mi temor a aquel de que me parecía agitada la faz del horizonte, cuando a la luz de la luna vi salir de una caverna a un alto y venerable anciano vestido de blanco, su cara atezada, cejas velludas y levantadas, el ojo espantador y la barba echada por encima los hombros: llevaba en la cabeza un sombrero de verbena y en la espalda una cintura de heleño de mayo trenzado: sobre su corazón encima la ropa llevaba pegado un murciélago casi muerto, y alrededor del cuello una argolla sujetando siete diferentes piedras preciosas, cada una de las cuales llevaba el carácter del planeta que la dominaba.
“Vestido con este misterio, llevando en la mano izquierda un vaso triangular lleno de rosado y en la derecha una varilla de saúco en savia, herrado uno de sus extremos con una mezcla de todos los metales, besó el pie de su gruta, se descalzó, pronunció refunfuñando algunas palabras obscuras, y se acercó a reculones a una gran encina, a cuatro pasos de la cual formó tres círculos el uno dentro del otro. La naturaleza obedeciendo las órdenes del nigromántico, tomaba temblando las figuras que quería trazar, grabó los nombres de los espíritus que presidían el siglo, el año, la estación, el mes, el día y la hora, lo que hecho colocó su vaso en medio de los círculos, le descubrió, puso un cabo de la varilla entre sus dientes; recostóse con la cara hacia el oriente y se adormeció.
“En medio de su sueño percibí que caían en el vaso cinco granos de helecho, que tomó al despertarse, metiendo dos en sus orejas, uno en su boca, el otro dentro el agua y lanzó el quinto fuera de los círculos. Apenas salió de su mano, que ya le vi rodeado de un millón de animales de mal agüero. Tocó él con su varilla una lechuza, una zorra y un topo, que entraron en los círculos lanzando un formidable grito, les abrió el pecho con un cuchillo de cobre, luego les sacó el corazón que envolvió con tres hojas de laurel y que se tragó, haciendo en seguida largas fumigaciones. Mojó un guante de pergamino virgen en una palangana llena de rocío y sangre, púsose este guante en la mano derecha y después de cuatro o cinco aullidos terribles empezó las evoca- ciones.
“Casi no meneaba los labios, y sin embargo oí en su garganta un ruido igual a muchas voces mezcladas. Levantóse de tierra a la altura de un medio pie, y de cuando en cuando fijaba la vista en la uña del pulgar de su mano izquierda; tenía la cara inflamada y sufría mucho.
“Después de muchas horribles contorsiones, cayó gimiendo sobre sus rodillas, pero al momento que hubo articulado tres palabras de cierta oración, hecho más fuerte que un hombre, sufrió sin vacilar las violentas sacudidas de un horroroso viento que soplaba contra él. Este viento parecía destinado para hacerle salir de los tres círculos ; los que volvieron continuamente en su alrededor. Siguióse a este prodigio un granizo rojo como de sangre, y a este granizo sucedió un torrente de fuego acompañado de truenos.
“Una luz brillante disipó por fin estos meteoros, y en el centro se apareció un joven con la pierna derecha sobre una águila y la izquierda sobre un lince y quien dio al mágico tres botellas no sé de qué licor, presentándole el mágico tres cabellos, uno arrancado de la frente y los otros dos de las sienes, sacudióle la fantasma con un pequeño palo que traía, en la espalda, y luego desapareció todo.
“Volvió después el día e iba a ponerme en camino para llegar a mi población, cuando habiéndome reparado el brujo se me acercó y aunque andaba a paso lento, estaba junto a mí antes que le viese menear. Extendió sobre mí una mano tan fría, que la mía permaneció aterida por mucho tiempo; no abrió los ojos ni la boca y con este profundo silencio me condujo a través de ruinas, bajo las de un viejo castillo inhabitado, en que los siglos desde mil años ha que trabajaban para hundir los salones en las bodegas.
“Al momento que hubimos entrado: “Puedes alabarte, me dijo dirigiéndoseme, de haber contemplado cara a cara al brujo Agripa, cuya alma por (Metempsicosis) es la que en otro tiempo animaba al gran Zoroastres, príncipe de los Bactrianos.
” “Hace cerca de un siglo que he desaparecido de entre los hombres, y me conservo aquí por medio del oro potable, en una salud jamás interrumpida. Cada veinte años tomo una porcioncita de esta medicina universal que me rejuvenece y restituye a mi cuerpo lo que ha perdido de sus fuerzas. Si has observado las tres botellas que me ha entregado el rey de las salamandras, la primera está llena de él, la segunda contiene el polvo de proyección y la tercera el aceite de talco.
” “Además, me debes estar agradecido, pues que de entre todos los mortales, te he escogido para asistir a los misterios que solamente cada veinte años celebro.
” “Con mis hechizos envío, cuando me place, la esterilidad o la abundancia; yo promuevo las guerras, suscitándolas entre los genios que gobiernan los reinos; enseño a los pastores el padrenuestro del lobo; enseño a los adivinos el modo de volver el cedazo; hago correr los fuegos fatuos; exijo a las hadas a danzar a la luz de la luna; guío a los jugadores a buscar el trébol de cuatro hojas, bajo la horca; envío por la noche los espíritus fuera del cementerio, a pedir a sus herederos el cumplimiento de los votos que hicieron al tiempo de morir; hago encender a los ladrones candelas de gordura de ahorcado, para adormecer los huéspedes, mientras ejecutan el robo; doy el doblón volador, que cuando se emplea salta de nuevo a la faltriquera; regalo a los postillones los látigos que hacen ir y volver de Orleans a París en un día; hago poner de arriba a abajo en una casa por los duendes, las botellas, los vasos, los platos, sin que nadie lo vea y sin romperse nada; enseño a las viejas a curar las fiebres con palabras; despierto a las aldeanas la víspera de San Juan para que cojan su yerba en ayunas y sin hablar; enseño a las brujas a volverse lobos; ahogo a los que leen un libro mágico sin saberlo, haciéndome venir y no dándome nada, regresando pacíficamente de aquellos que me dan un zapato, un cabello o una paja; enseño a los nigrománticos a deshacerse de sus enemigos haciendo una figurilla de cera y punzándola o arrojándola al fuego para hacer sentir al original lo que hacen sentir a su imagen, enseño a los pastores a atar la agujeta el día de las bodas; hago sentir los golpes a las brujas con tal de que se las azote con un palo de saúco ; finalmente yo soy el diablo Vauvert, el judío errante, y el gran cazador del bosque de Fontainebleau…”
“Dichas estas palabras desapareció el mágico, los colores de los objetos se desvanecieron… y me encontré sobre mi cama temblando aún de miedo… Conociendo que toda esta larga visión sólo había sido un sueño…, que me había dormido leyendo un libro de negros prodigios y que un sueño me había hecho ver todo el cuento explicado.”

(1) Entiéndase todo esto que siempre hay y ha habido sus excepciones.

ALQUIMIA

Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim

Agripa Cornelio , médico, alquimista y filósofo, uno de los mas sabios de sus tiempos, siendo llamado entonces trimejisto. Nació en Colonia en 1486 y murió en 1535, después de una carrera tempestuosa. en la casa del receptor general Grenoble y no en Lyon, ni en el hospital donde han querido decir enemigos. Había estado unido con todos los hombres grandes y príncipes de su época, que le buscaban con anhelo encargándole varios negocios . De ahí procedieron sus numerosos viajes, que Thebet en su … vida de los hombres ilustres…atribuyen a la manía de ejercer por todas partes su arte de magia. “Lo que le daba a conocer y hacia despedir al momento.

Sus talentos originaron su desgracia: tenia demasiadas instrucciones para el tiempo en que nació, acusandosele de brujería y mas de una vez se vio en efecto precisado de huir para sustraerse a los malos tratamientos de una plebe ignorante, que refería de el un sinnúmero de absurdos.

Los demonomaníacos dicen que no se le puede representar sino de noche, como a un búho, a causa de su fealdad mágica, graves historiadores no se han avergonzado de escribir que en sus viajes pagaba a los huéspedes con moneda muy fuerte y buena al parecer , pero en pocos días se trocaba en pedazos cuernos, cuero o conchas. Verdad es que a los veinte años trabajaba en el chrysopeya o alquimia pero no encontró el secreto de la obra magna que el enseñaba en Lovaina, dicen algunos demonografos que uno de sus discípulos leyendo un libro de conjuros fue ahogado por el DIABLO y temiendo Agripa que se sospechase ser el quien le hubiese dado muerte, porque había acontecido en su casa, mando al espíritu maligno que se entrase en el cuerpo y que se diese siete u ocho vueltas por la plaza publica antes de dejarle. El DIABLO obedeció y aquella muerte paso como una muerte repentina.

Te contamos hasta ahora una breve reseña de Cornelio Agripa brujo y alquimista … pero esta historia sigue, no te la pierda es súper interesante, sus inicios en el ocultismo de su historia completa.

 

ALQUIMIA, DEMONOLOGIA

Urbano Grandier, quien fue y su pacto don los demonios.

Urbain Grandier (Urbano Grandier) , nace el 18 de agosto de 1590,  fue un sacerdote católico francés y fue quemado en la hoguera tras ser condenado por BRUJERÍA.

Grandier fue sacerdote en la iglesia de Sainte Croix en Loudum, en la diócesis de Poitiers, ciudad de Francia central. Parece ser que tuvo varias relaciones sexuales y románticas con mujeres y adquirió fama de don juan. En 1632, un grupo de monjas del convento local de las ursulinas lo acusó de haberlas embrujado, enviándoles el demonio Asmodeo, entre otros, para realizar actos malvados e impúdicos con ellas.

La superiora había solicitado a Grandier que se convirtiese en el confesor de las monjas, pero Grandier había rechazado su requerimiento. Tras el rechazo de Grandier, aceptó el cargo el canónigo Mignon, rival de éste en la carrera eclesiástica, y que había perdido recientemente un pleito contra él

Entonces, Mathurin Rosseaus, canónigo de Santa cruz, y el cirujano Mannouri junto a Mignon, apenas entraron dichos magistrados la madre superiora comenzó a tener actos violents y contorsiones de formas extrañas y hablar en latín idioma que esta desconocía. Mignon que coloco los dedos en la boca a la madre superiora y junto  a conjuros provenientes del ritual comenzó el interrogatorio:

P. Propter quam causam ingressus es in corpus hujus virginis?

    porque causa entraste en el cuerpo de esta virgen?

R. Causa animositatis

    por encono

P. Per quod pactum?

    por que pacto

R. Per flores

    por el de las flores

P. Quales?

     cuales?

R. Rosas

P. quis misit?

    quiente invito

R. Urbanus

    Urbano

P. Dic cognomen

    di su apellido

R. Grandier

P. Dic qualitatem?

    su profesión ?

R. Sacerdos

    parroco

P. cujus ecclesia?

    de que iglesia

R. Sancti Petri

    de San Pedro

P. quae persona attulit flores?

    quien trajo las flores

R. Diabolica

    una persona enviada por el diablo.

Apenas había pronunciado estas palabras recobro el sentido y rogo a dios.

Grandier fue declarado culpable a pesar de no haber confesado bajo tortura y sentenciado a muerte. Fue quemado vivo en la hoguera.

Es la antigua Laudunum o Juliodunum, de origen galo. Se hizo célebre por el proceso entablado y respaldado por el Cardenal Richelieu contra el sacerdote católico Urbano Grandier en 1634, a quien se acusó de haber hechizado a las monjas Ursulinas de la ciudad. Fue declarado culpable a pesar de no haber confesado bajo tortura y luego fue sentenciado a muerte. Fue quemado vivo en la hoguera.

A continuación te escribiremos el pacto que hizo Grandier con los demonios:

– Nos, el muy poderoso Lucifer, secundado de SATANAS, Belzebut, Leviathan, Elimi, Astaroth, Asmodeo y otros, hemos aceptado en el día de hoy el pacto de alianza de Urbano Grandier, que se nos entrega y le prometemos el amor de las mujeres, la flor de las doncellas, el honor de las monjas, las dignidades, los placeres y riquezas: fornica cada tres días: la embriaguez le sera gustosa, cada año nos ofrecerás un homenaje firmado con tu sangre, hollara  con sus pies los sacramentos de la iglesia y nos dirigirá oraciones. En virtud de este pacto vivirá 20 años feliz en la tierra de los hombres, y vendrá luego con nosotros a maldecir a dios.

Hecho en los infiernos en el concejo de DEMONIOS

Han firmado LUCIFER, BELCEBU, SATANAS, LEVIATHAN, ASTAROTH, ASMODEO

Visitado con la signatura y sello del maestro diablo y de los SS príncipe de los demonio.

   

ALQUIMIA

sabes que significa ABRACADABRA ?

Abracadabra es el termino de encantamiento con el cual hacían, sobre todo en Persia y Siria, una figura mágica a la que atribuían la propiedad de suavizar diversas enfermedades y la cura particularmente de la fiebre. 

Para esto , bastaba tan solo llevar ajustado al rededor del cuello esta especie de talismán escrito de esta manera.

 

ALQUIMIA, LIBROS, MONSTRUOSIDADES

Brujas y procesos de brujeria, Kurt Baschwitz

Durante el proceso de las brujas de Würzburg, que tuvo lugar en Alemania entre 1626 y 1631 se realizaron las mayores ejecuciones en masa que se observaron en Europa durante la Guerra de los Treinta años.

Se confirmo que fueron quemados vivos en estacas 157 hombres, mujeres y niños solo en la ciudad de Würzburg, 219 han sido quemados en hogueras dentro en la misma ciudad y se estima que 900 personas fueran quemadas en todo el principado.

El proceso de las brujas de Würzburg es uno de los juicios de brujas mas grandes de la edad moderna, junto con los de Trier (1581-1593) y Bamberg (1626-1631).

ALQUIMIA, DEMONOLOGIA, LIBROS

Conoce algo del “Diccionario Infernal”


De los seres, Personajes, libros, hechos y cosas que hacen referencia a la Magia blanca y Negra, el comercio del Infierno, a las adivinaciones, las ciencias secretas, a los prodijios, a los errores y preocupaciones a las tradiciones y a los cuentos populares, a las supersticiones varias y y generalmente a todas las creencias maravillosas, sorprendentes, misteriosas y sobrenaturales este es Collin de Plancy. 

Collin de Plancy, Celebre escritor, maravilloso Ocultista y demonologo frances,  nacio el 30 de enreo de 1783, se cree que fue en Paris y fallecio el 6 de noviembre de 1887. Fue el editor mas importante sobre el ocultismo y la demonologia.
Las fechas citadas anteriormente son del Diccionario infernal edicion 1968 Barcelona, consultando en Wikipedia las fechas varian notablente  por ejemplo el nacimiento es en el 30 de enero de1793 y su fallecimiento el 6 de noviembre de 1887, asi siguiendo nuestra investigacion llegamos a la conclucion que no hay una fecha exacta. En 1818 fue su primera publicacion.

Facsímil 1842 Barcelona . Idioma español

  

Edición Original 1845 Francia. Idioma francés.

    

Edición de “La Sainte Vierge ” 1853 Paris, Francia. Idioma frances (parte de otras obras de Collin de Plancy)

   

Edicion Original 1863 Paris, Francia. Idioma  francés

    
    

Reedicion Original 1968 Barcelona. Idioma español